where HE goes , goes the FIRE.....--ADAPTADA--

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'#17.where HE goes, goes the FIRE.

Abrí mis ojos por el ruido del tren. Hace bastante que no me despertaba con este sonido. Parpadee seguido para despertarme mejor. Con pereza me senté en la cama. Mire a mi alrededor y no había nadie allí. Pensé que cuando despertara lo que primero que iba a ver sería a él. Un exquisito olor a huevos y mantequilla lleno mi estomago. Sin pensarlo me puse rápidamente de pie para salir de la habitación. Abrí con fuerza la puerta, para divisarlo del otro lado de la cocina haciendo, lo que se supone debe ser, el desayuno. Esta aquí. Levantó la cabeza y me miró. Sonreí abiertamente y corrí hasta él. Me tire a sus brazos para abrazarlo con fuerza. Coloque mis brazos alrededor de su cuello y lo acerque más a mí.

- Hola - le dije sin soltarlo.

Creo que totalmente anonadado por mi reacción de abrazarlo, se encontró devolviéndome el gesto. Sentí sus fuertes brazos rodearme por la cintura. Mi corazón latía fuerte. Rápido. Cerré los ojos y me encontré acariciando su nuca con una de mis manos.

- Oh, te extrañe tanto - susurre en su oído.

Dulcemente besó uno de mis hombros. Me aleje de él despacio, me sentía un poco idio.ta por esto, pero no podía ser de otra forma. De verdad lo había extrañado. Me sentía tan mal sin él.

- Jamás nadie me había extrañado - me dijo. Sonreí levemente.

- No lo creo. Para mi que tus hermanos si te deben de extrañar cuando no estas con ellos - le dijo. Asintió divertido.

- Hice el desayuno.

- Me di cuenta - dije y me senté a la mesa.

Colocó frente a mí, los huevos y el pan con mantequilla. Giro para agarrar algo y ponerlo frente a mí. Café. Lo mire y sonreí levemente. Se sentó y empezamos a comer. ¿Cómo habrá hecho para curar las heridas que tenía ayer?

- ¿Vas a decirme la razón de porque te fuiste? - le pregunte. Me miró.

- Necesitaba un poco de mi casa, me estaba volviendo loco aquí.

- ¿No te gusta estar aquí?

- No tiene nada que ver contigo, preciosa. Sabes que me encanta estar contigo. Pero necesitaba mi casa, mi lugar.

- Entiendo - le dije. Volvió a comer.

- ¿Cómo te fue con Austin? - me preguntó. Lo mire.

- Tengo que llamarlo - le dije.

- ¿Por qué?

- Ayer tuvo que irse porque internaron a su hermanita y estaba muy mal. Tengo que preguntarle como esta.

- Su hermana murió - me dijo. Baje la mirada.

- ¿Cómo lo sabes?

- Hable con Rachel. La vida de esa niña no sería buena si seguía viviendo.

- Creo que tendré que llamarlo - le dije.

- Lo se. Hazlo - me dijo.

Me puse de pie y fui en busca del teléfono. Marque el número de Austin, pero nadie me contestó. Marque el número de su casa, y allí tampoco. ¡Oh, Dios! Debe estar destrozado. Volví a la cocina y él seguía sentado.

- ¿Qué pasó? - me preguntó.

- Nadie contesta - dije.

- Tal vez no este en su casa.

- Así parece.

Se puso de pie y ordenamos todo. Salimos de la cocina y se sentó en el sillón. Lo mire fijo, él también lo hizo.

- Yo también te extrañe preciosa, no sabes cuanto - me dijo. Sonreí dulcemente.

- ¿De verdad?

- Nunca dije tanta verdad junta.

Mordí levemente mi labio inferior y mire a mí alrededor. Es de día. Quiero que sea de noche. Lo volví a mirar.

- ¿Qué sucede? - me preguntó.

- ¿Aun tienes el poder de alterar las horas? - le pregunte. Me miró bien.

- Creo que si - dijo. Sonreí.

- Haz que sea de noche, por favor - le pedí. Frunzo el ceño y se puso de pie.

- ¿Por qué?

- Solo hazlo - dije. Se acercó a mí y me miró fijo.

- Cierra los ojos - me dijo. Asentí levemente y lo hice.

Sentí un pequeño mareo y pronto todo volvió a estar quieto. Aun no abría mis ojos, no iba a hacerlo hasta que él me lo dijera.

- Ahora puedes abrirlos - dijo.

Los abrí y todo estaba oscuro a nuestro alrededor. Era de noche. Sonreí levemente y tome una de sus manos.

- Vamos - le dije. Me miró extrañado.

- ¿A dónde? - me preguntó.

- A despertar lo bueno dentro de ti.

Más que extrañado asintió y salimos de casa. Era una linda noche. Un poco fresca, el cielo negro estaba siendo cubierto por nubes. ¿Estará Dios descubriendo lo que tengo pensado hacer, y por eso se está enojando? No lo se, y no me importa. Lo único que quiero es mirarlo a él. Llegamos al viejo parque que estaba a pocas cuadras de mi casa. Sin soltarnos de la mano caminamos hasta allí. Divertida corrí hasta una de las viejas hamacas y me senté.

- Quiero sentarme contigo - me dijo.

Asentí y me puse de pie. Se sentó en la hamaca. Lo mire fijo a los ojos, me acerque a él y me senté sobre sus piernas, colocando alrededor de su cintura las mías. Comenzó a mecerse. Coloque una de mis manos sobre sus cabellos y lo acaricie suavemente.

- ¿Qué quieres por tu alma? - me preguntó. Baje mi mano por su oreja, y la acaricie.

- Aun no lo se - le dije.

- ¿Cuándo lo sabrás?

- Tal vez, mañana. Pero ahora no hablemos de eso. Solo déjame mirarte y tocarte. ¿Nunca has soñado con no ser el Diablo? - le pregunte.

- No, nunca. Siempre acepte esto que soy y no me quejo - dijo.

- Quiero hacerte un regalo - le dije.

- ¿Qué cosa? - me preguntó. Sonreí levemente.

- Algo dulce, algo raro.

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#16.where HE goes, goes the FIRE.

Se quedó callado, mirándome fijamente. Su respiración era pesada, se podía oír perfectamente. Volví a mirar las heridas de su cuerpo, parecían algo así como arañazos, mordisco y golpes. Volví mi mirada a sus ojos.

- Debo irme - me dijo de repente.

- ¿Vendrás mañana? - le pregunte.

- Sí - me contestó.

- ¿Me lo prometes? - le dije. Me miró fijo, serio.

- Yo no prometo nada, solo cumplo lo que digo.

- Justin- lo llame.

- ¿Qué?

- Te extraño - susurre levemente.

Levante mi mano y la apoye sobre el frió espejo que estaba frente a mí. Apoye mi mano justo frente a su pecho, pero sabía que no podía tocarlo, que no lo estaba haciendo.

- Hasta mañana, preciosa - me dijo.

- Hasta mañana - dije y desapareció.

Alguien tocó la puerta del baño. Recordé donde estaba y con quien. Me acomode un poco y decidí salir. Era uno de los mozos. Me miró bien y yo a él.

- ¿Sucede algo? - le pregunte.

- No, nada señorita. Solo que el señor que venia con usted me pidió que le dijera que lo perdonara, pero se tenía que ir - me dijo. Fruncí el ceño.

- ¿Qué? - dije.

- Si, me dejó esta nota para usted - dijo y me entregó un papel.

Tome el papel y el mozo se fue. ¿Por qué se habrá ido así? ¿Habré tardado mucho? Sin seguir dando vueltas abrí el papel.

Siento haberme ido así, ______. Pero llamó mi madre, mi hermana Clara esta muy mal, la internaron de urgencia. Luego te llamo para contarte todo con detalles. Lo siento de verdad. No quería que esto quedara así. Sabes que te quiero mucho y que me encanta estar contigo. Hablamos otro día, bonita.
Con cariño. Austin.


¡Oh, dios! Espero que Justin no tenga nada que ver con esto. Porque si eso llega a ser así, y a la hermana de Austin le sucede algo, el señor Diablo va a conocerme. Tome mi abrigo y salí de aquel restaurante. Lo mejor era volver a casa. Todo había sido un desastre. ¿En que problema me metí, dios mío? Debí escuchar a mi amiga cuando me dijo que no subestimara a lo que no conocía. Debí retractarme de mis palabras. Pero si no lo hubiese dicho, tal vez jamás hubiese conocido a Justin. Una fría brisa subió por mi espalda, mientras caminaba por la calle. Mi piel se erizó por completo. No era un frío normal. Era un frió extraño. Nunca había sentido algo así.

- Tranquila, no te asustes - me dijo. Mi corazón casi se salió de lugar cuando una mujer se paró frente a mí - Lo siento, no quise asustarme.

La mire bien. Era una mujer alta de cabellos negros y ojos aceitunados. Su piel era blanca como la nieve. Comencé a temblar levemente. Era un frío horrible. Jamás había sentido uno así. Recordé las palabras de Justin. Rachel es inofensiva cuando no esta en horas de trabajo, y no es siniestra y esas cosas. Te sorprendería lo linda que es. Lo único es que hace un poco más de frió cuando ella esta.

- ¿Rachel? - le dije por lo bajo.

- Se nota que Justin te ha hablado de mí - me dijo sonriente.

La mire sin poder creerlo. Tengo a la muerte frente a mí. Esto no era posible. Retrocedí unos pasos. Ella rió por lo bajo.

- Tranquila, ______. No voy a hacerte daño. No estoy en horas de trabajo, y además a ti te falta todavía - dijo.

- ¿Qué... que haces aquí? - le pregunte luego de unos segundos.

- ¿Por qué mejor no vamos a tu casa o ha otro lado? No creo que quieras que te vean hablando con la nada en medio de la calle - me dijo.

- ¿Con la nada? - pregunte.

- Yo tengo el poder de hacer que solo la persona que yo quiera me vea. Y en este caso tú eres la única que lo esta haciendo - dijo.

Asentí levemente y comenzamos a caminar. El molesto frío aun no se había ido de mí. La mire de costado. Justin tenía razón. Ella no es siniestra y nada de esas cosas. Es más, es muy bella. Y si la miras bien es algo parecida a Justin. Llegamos a mi departamento, entramos. Le pregunte si quería algo de tomar, me dijo que no. Nos sentamos a la mesa. Ella frente a mí.

- ¿Qué pasó? - le pregunte luego de unos segundos de silencio. Ella acomodo su garganta y miró a su alrededor.

- Si mi hermano se llega a enterar que vine a verte, se enojara mucho conmigo y será capaz de no hablarme por un millón de años - me dijo. Reí por lo bajo.

- Tranquila, yo no le diré nada - le dije.

- Estoy preocupada por Justin - dijo. Fruncí el ceño.

- ¿En que sentido?.

- En todos los sentidos.

- ¿Por qué?

- Mi hermano es el Diablo, ______. Jamás ha conocido lo que es el amor, jamás se ha preocupado por alguien que no sea él. Bueno tal vez si, cuando nací yo. Pero a lo que me refiero es que nunca lo había visto tan perturbado - me dijo.

- ¿Quieres decir que él tal vez este mal por mi culpa? - le pregunte.

- No, no por tu culpa - dijo y se acercó un poco más a mí para bajar la voz - Creo que has despertado algo dentro de él. Algo que desconoce y por lo cual esta confundido.

- ¿Qué tengo que hacer?

- Sabes que ha hecho un pacto con el Creador, ¿verdad? - me dijo.

- Si, lo se. Y es una locura.


- También lo creo. Pero _____, eres la única que puede despertar eso bueno que Justin tiene dentro.

- ¿Cómo lo hago? - Dije

- Arriésgate. Al diablo con las reglas de Dios, _____. Él mismo creo las reglas del amor, y si él mismo las prohíbe se está contradiciendo - me dijo.

- ¿Qué debo hacer?

- Lo que sientes. Cuando lo tengas al frente y creas que es hora de despertar lo bueno dentro de él, haz lo que te diga tu corazón - dijo y se puso de pie. Yo también lo hice - Ahora debo irme, ya es hora para Clara Ames.

- ¿Qué? - dije sin poder creerlo.

- Esa niña esta sufriendo, _____. Debo llevármela - me dijo.

- Justin no tiene que ver en esto ¿Verdad? - le pregunte.

- Para nada. Justin no se interpone en las muertes. Solo yo y Dios - dijo.
Asentí levemente. Sabía todo lo que Austin iba a sufrir por esto.

- ¿Será rápido? - le dije. Se giro a verme.

- No sentirá nada - me dijo.

- Gracias Rachel - dije. Sonrió levemente.

- Es un secreto - susurró.

- ¿Qué cosa? - le pregunte.

- Justin nunca tuvo debilidades, pero ahora si tiene una - me dijo.
La mire extrañada.

- ¿Cuál?

- Tú.

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'#15.Where HE goes, goes the FIRE.

Termine de colocarme rímel. Dentro de cinco minutos Austin llegaría y yo aun no estaba lista. Corrí deprisa a mi habitación a buscarme un tapado. La temperatura había cambiado bastante. Hacía frió, me mire por última vez al espejo y el portero sonó. Corrí a atenderlo.

- ¿Quién es? - pregunte.

- Soy Austin - me dijo.

- Ahí bajo - dije y colgué.

Tome mi cartera y mis llaves y salí del departamento. Sea había decido irse a vivir con Jared. A eso había venido ayer a casa. Dijo que habían hablado mucho que ya era hora de la convivencia. Jamás pensé que mi rubia amiga llegaría a tanto. Pero me alegro por ella. Pasamos una linda tarde de amigas juntas, ayer. Ella siempre me hace sentir mejor. Es una gran persona.

- ¡Hola! - me dijo cuando abrí la puerta. Sonreí levemente, y me acerque a él para saludarlo - Luces hermosa.

- Gracias - le dije divertida - Tú no te quedas atrás.

- ¿Vamos? - preguntó.

- Claro - dije y tome su brazo.

Pronto estuvimos en un lindo restaurante. Se acercó a mí y me ayudo a quitarme el abrigo y a sentarme. Sonreí levemente y le agradecí. Él se sentó frente a mí y pronto vino un mozo. Nos entrego el menú.

- ¿Qué quieres comer? - dijo.

- Mmmm, no lo se - dije sin dejar de mirar las cosas.

Una punzada comenzó a formarse en mi estomago. Era un dolor terrible. Solté la cartilla y tome mi panza con una mano. Austin me miró bien. Yo también lo hice. Se veía algo borroso.

- ¿______? ¿Estás bien? - me preguntó.

Asentí levemente. Algo se movía con fuerza dentro de mi panza y estaba haciendo estragos conmigo. Sin pensarlo mucho me puse de pie. Austin me miró bien.

- Voy al baño - le dije más que mareada.

- ¿Quieres que te acompañe? - me preguntó.

- No, no - le dije rápidamente - Solo pide por mi

Más que apurada me dirigí al baño. Para mi suerte no había nadie allí. Me acerque a uno de los retretes y me agache para vomitar. Abrí mi boca, porque la sensación de hacerlo me estaba matando, pero nada salió. Me puse de pie y me pare frente al espejo. Abrí la canilla y lave mi cara con agua fría. Otra vez las ganas de vomitar vinieron a mí, pero ya no podía girarme al retrete. Baje mi cabeza hacia el lava manos. Una mancha se formo en el espejo. Como si eso hubiera salido de mí. Pronto tomó forma.

- ¿Se puede saber que diantres haces aquí? - me preguntó. Lo mire bien.

- ¿Justin? - dije sin poder creerlo.

Estaba del otro lado del espejo. Lo mire detenidamente. Sus ojos no estaban mieles, sino que eran rojos. Rojos como el fuego. Mire su cuerpo. Estaba lastimado, golpeado, herido. Volví a sus ojos.

- ¿Qué... que te sucedió? - le pregunte aterrada.

- Tranquila, solo jugaba con mis hermanos - me dijo.

- ¿A eso le llamas jugar? ¿Dónde estás?

- En mi casa

- ¿Qué haces aquí?

- ¡Me voy por dos días! ¡Solo dos días! ¡Ya sales con ese imbécil! - me dijo enojado.

- ¡Tú te fuiste! ¡Y ahora me vienes a... a hacer una escena de celos! ¿Detrás de un espejo? ¿Qué es lo que quieres de mí? - le pregunte nerviosa.

Me miro fijo a los ojos. Su respiración era agitada. Al parecer estaba enojado por algo más. Mire su piel, estaba más roja de la normal. Parecía arder. Volví a sus ojos. Eran tan raros.

- ¿Por qué tienes los ojos rojos? - le pregunte.

- Cuando juego con mis hermanos, mis poderes se salen de control. Alterando el color de mis ojos y haciendo que mi piel queme - me contestó.

- ¿Y tu pacto con Dios? - dije al recordar eso.

- Al Diablo con ello, no tengo nada de bueno dentro - me dijo. Lo mire espantada.

- ¿Qué significa eso? ¿Tendrás que vivir por siempre y para siempre en el infierno?

- Así es, preciosa - me dijo. Negué con la cabeza efusivamente.

- No, no por favor - le dije desesperada. Me miró bien.

- ¿Por qué? - me preguntó.

- No, no puedes - dije mientras otra vez mis ojos se humedecían por él.

- ¿Por qué no puedo? ¿A quien diablos le puede importar el Diablo? - dijo lleno de resentimiento.

- A mí - le dije rápidamente - A mi me importas y mucho

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No pude seguir mis pasos, ya que la pared me lo impidió. El aire a mí alrededor se puso denso. Estaba tan cerca. Él podía hacerme daño sin ningún problema ¿Qué iba a hacerme? ¿Qué era lo que estaba pensando? ¡Oh, por Dios! Por un minuto me gustaría poder tener poderes. Coloco sus brazos a mis costados, impidiendo mi escape. Lo mire fijo a los ojos. Era tan poderoso y fuerte. De verdad podía lastimarme.

- ¿Qué... que sucede? - le pregunte apenas.

- Debo irme - dijo. Lo mire bien.

- ¿Qué? - dije sin poder creerlo. Apretó los dientes con fuerza y golpeo la pared con la mano - Lo siento.

- Tengo que irme, _____ - me dijo serio.

- ¿Por qué?

- Volveré dentro de 3 días, si aun no sabes que quieres por tu alma. Te quedaran 2 días más - dijo. Lo mire bien.

- No quiero que te vayas - dije.

- Debo hacerlo, preciosa - se alejó de mí y caminó hasta la habitación.

Sentí una pequeña presión en el pecho. Él no se podía ir. No quiero que se vaya. Pero mientras esta sensación esta en mi pecho, me doy cuenta de algo. ¿Qué pasara cuando no lo vea nunca más? ¿Qué va a ser de mí? Sin pensarlo corrí hacia la habitación y la abrí. Él ya no estaba.

- ¿Justin? - lo llame.

Nadie me contestó. Por alguna razón mis ojos se llenaron de lágrimas. Había un gran vacío en mi interior. Se había ido y no me dejo abrazarlo antes de irse. ¿Por qué se fue así? ¿Habré hecho algo malo? Comencé a llorar. ¡Oh, por Dios! ¡Esto no tiene sentido! ¡No debo llorar, no tengo motivos! Me dijo que iba a volver dentro de tres días. Solo debo esperar y pensar que es lo que quiero a cambio de mi alma.

- ______, ¡________! - me llamó alguien. Rápidamente abrí mis ojos, para encontrarme con mi mejor amiga.

- ¿Qué pasó? - pregunte de repente.

- Ya son casi la una de la tarde _____ ¿Estuviste llorando? - me preguntó al ver mis, seguramente, hinchados ojos.

- No, no - dije poniéndome de pie. Entre al baño y ella fue tras mío.

- ______ ______, te conozco y mucho. ¡Dime porque diablos llorabas sino quieres verme enojada! - me exigió.

Diablo......Justin. Mire a mi alrededor y él no estaba. Pensé que cuando despertara lo iba a encontrar de nuevo aquí. Pero al parecer eso no es así. Otra vez mis ojos se llenaron de lágrimas, se humedecieron. Sea me miró bien y sin pensarlo se acerco a mí a abrazarme.

- Oye, Oye, no llores - dijo sin dejar de abrazarme.

- Lo siento, es que estoy algo sensible - dije y me aleje de ella. Me miró bien.

- ¿Te hizo algo aquel hombre? - me preguntó. Sonreí levemente.

- No, él no sería capaz de lastimarme. Solo que tuvo que irse, vuelve dentro de tres días y me puse un poco triste - le dije. Arqueo una ceja.

- ______, ni siquiera lloraste cuando Austin Ames se fue a Londres - me dijo divertida. Y lo recordé a él, a Austin. Había quedado en llamarlo y no lo hice.

- ¡Austin! - dije y corrí al teléfono.

- ¿Qué sucede? - me preguntó ella y se acerco a mí. Tome el teléfono y marque su número.

- ¿Hola? - me contestó.

- ¡Austin!

- ¿_____? Pensé que te habías olvidado - dijo y rió por lo bajo.

- Lo siento tanto, pero estaba tan cansada que me olvide de todo y me quede dormida. Me acabo de levantar.

- Tranquila, no pasa nada.

- Si quieres, podemos salir a cenar mañana en la noche - le dije.

- ¿De verdad?

- Claro que si - dije y sonreí levemente.

- Paso por ti a las 10 de la noche ¿Esta bien? - me preguntó.

- Mejor imposible - le dije. Le di la dirección de casa y colgué. Me gire a ver a mi amiga. Me miro bien.

- ¿Acabas de hablar con Austin? - Me preguntó

- Si, si. Me lo encontré ayer en el centro comercial, y me pidió mi número. Ayer en la tarde me llamó y me invitó a cenar. Y como me quede dormida, no le conteste. Por eso lo llame ahora - le conté.

- ¿Así que volvió? - dijo sorprendida.

- Si, así es - le dije. Entre al baño y ella detrás de mí.

- ¿Y como está? ¿Está igual de guapo que siempre? - me preguntó. Sonreí levemente.

- Si, creo que si. No ha cambiado nada de nada - le dije. Salimos del baño y fuimos hasta la cocina.

- ______, ¿estás enamorada de nuestro nuevo jefe? - preguntó. Me gire a verla.

- No... no lo se, Sea - dije dudosa.

- ¿Y él, lo esta de ti?

- Tampoco lo sé - le dije y otra vez la melancolía volvió a mí.

- Me preocupas amiga - me dijo.

- A mi también, y mucho - mire hacia la ventana.

Necesito que vuelva, necesito verlo. ¿Qué ha hecho conmigo? Creo que quiere llevarse algo más que mi alma. Él quiere llevarse mi corazón. Creo que lo va a lograr. Cuando él se vaya definitivamente, no solo se llevara mi alma. Sino que también todo el amor que tengo para dar. Necesito hacer algo. Necesito cambiar esto que siento. Tal vez mañana en la noche saliendo de nuevo con Austin lo logre. Tal vez aun este a tiempo de salvarme. Dios quiera que este a tiempo de hacerlo. 

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Sentí mi corazón desbocarse de dudas. ¿Qué? ¿Yo? Se acerco más a mí y con su mano libre acaricio mi rostro. Como dije antes, ahora no tiene esa apariencia siniestra de ayer. Ahora parece... normal.

- Tú eres algo bueno y...- dijo y dejo de hablar.

- ¿Y que? - le pregunte queriendo saber más.

- Y tú estás...

- Señores clientes, lamentamos interrumpir lo que están haciendo. Pero deben dejar el centro comercial, porque cerraremos en 10 minutos, por fallas eléctricas en la instalación - dijo la fría voz de la operadora interrumpiéndolo.

- Uh, será mejor que nos vayamos antes de que nos quedemos aquí dentro y me obligues a comprar más ropa - me dijo divertido y comenzó a caminar.

- Si, claro - dije por lo bajo y salimos de ahí.

Tomamos un taxi para llegar más rápido. Teníamos demasiadas bolsas, no podíamos ir caminando. Aunque conociéndolo a él, les diría que es capaz de hacer algo para que no sean demasiadas y luego las encontremos en casa. Como ya dije una vez, es extraño decir casa. Suena mucho a ‘nuestra' casa. Pronto llegamos.

- Ahora que estoy pensando ¿En que momento hiciste el ‘acuerdo' con Dios? - le pregunte. Se giro a verme.

- Fácil. Mientras dormías fui a verlo - me dijo.

- ¿Qué le dijiste? - dije divertida cuando entramos al departamento.

Me saque los zapatos, me estaban matando y él se quito las zapatillas. Al mismo tiempo, ambos nos tiramos al sillón, cansados. Reí divertida al saltar levemente del mismo y volver a mi lugar.

- Bueno, llegue, estaba realmente sorprendido de verme. Ya que hace mucho que no subo a verlo. La luz del cielo me hace daño a los ojos. Empezamos a hablar, tomamos un poco de vino y luego empezamos a jugar ajedrez. Y como casi nunca, le gane ¿Puedes creerlo? - me dijo.

- ¿Por qué se te ocurrió hacer eso?

- ¿Qué cosa? - me preguntó.

- El acuerdo - le dije. Clavo su mirada en la mía y suspiro levemente.

- Mi hermana vino a verme - dijo. Lo mire bien.

- ¿Tu hermana? ¿Eso quiere decir que la muerte estuvo aquí en mi casa? - dije aterrada. Rió por lo bajo.

- Si, pero tranquila. Rachel es inofensiva cuando no esta en horas de trabajo, y no es siniestra y esas cosas. Te sorprendería lo linda que es. Lo único es que hace un poco más de frió cuando ella esta - me dijo.

- ¿Y que te dijo? - le pregunte. No me contesto nada.

Tome el control y prendí la tele. Estaban dando una película. Tarde unos pocos segundos en reconocerla. Era ‘Titanic'. Rose y Jack estaban en el agua helada. Temblé levemente al ver el frío que tenían.

- Esa fue una de las tantas veces que Rachel se llevo más de una vida al mismo tiempo, y en un mismo lugar - me dijo.

Lo mire e hizo una seña para que me acercara a él. Me acerque más a él y me acurruco contra su pecho, envolviéndome con sus brazos. Apoye mi cabeza en su pecho y aspire el aroma de su perfume. Volví a mirar la tele pero sin alejarme de él.

- ¿Aun no sabes lo que quieres por tu alma? - me preguntó. Sin alejarme de sus brazos me moví para mirarlo a los ojos.

- No, aun no - le dije. Su mirada abrazó la mía. Con una de sus manos acaricio mis cabellos.

- ¿Sabes? Me gusta estar contigo - dijo. Sonreí levemente.

- A mi también, me encanta estar contigo - dije.

Juro que en cualquier momento iba a besarlo. Era algo que ya no podía controlar. Estaba a punto de ser más fuerte que yo. Se inclino hacia abajo, hacia mí. Cerré los ojos levemente, esperando aquello. El maldito teléfono comenzó a sonar. Abrí los ojos y ya estaba a pocos centímetros mío. Se alejó con un gruñido. Me puse de pie y fui a contestar.

- ¿Hola? - dije.

- _____, hola - me dijo.

- ¡Austin! -  lo llame al reconocerlo - ¿Cómo estas?

- Bien, bien. Dije que iba a llamarte - dijo divertido. Sonreí.

- Lo se, lo se - dije divertida.

- Te he echado mucho de menos - me dijo.

- Y yo a ti - dije enternecida - ¿Cómo te ha ido en Londres?

- Bien, pero nada es como en casa.

- Me lo imagino - le dije y me gire a buscar a Justin. No estaba en el sillón ¿Dónde diablos estará? Lo busque con la mirada, pero no lo encontré.

- Oye, ¿Te gustaría ir a cenar mañana? - me preguntó.

Extrañada por no encontrar a Justin, me gire para mirar al frente. Salte levemente, al verlo tan cerca de mi rostro y con el semblante tan serio.

- ¿Mañana? - dije algo confundida.

- ¿Puedes? - me dijo. La respiración de Justin se volvió densa, pesada.

- Mmm, no lo se. Tengo que fijarme en mi agenda - le dije nerviosa - Déjame revisarlo y te llamo.

- Claro - dijo él.

Me dio un número y lo anote, pero sin dejar de mirar ni un segundo a Justin. ¡Dios, ya me esta dando miedo!

- Te llamo luego Austin - dije divertida pero nerviosa.

- Está bien, adiós bonita.

- Adiós - lo salude y colgué.

Sin dejar de mirarlos a los ojos retrocedí levemente. Él comenzó a acercarse. Mis pies no podían detenerse, era algo que no podía hacer. Me estaba asustando, estaba logrando hacerme tener
Sin dejar de mirarlos a los ojos retrocedí levemente. Él comenzó a acercarse. Mis pies no podían detenerse, era algo que no podía hacer. Me estaba asustando, estaba logrando hacerme tener miedo. Les juro que desde que lo conocí nunca me dio miedo del todo. Pero en este momento, si lo esta haciendo.

 

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¿Cómo era posible? ¿Qué hacía él aquí? Sin pensarlo demasiado, me acerque a él y lo abrace con fuerza. Él me respondió el gesto. ¡Oh, hace tanto que no lo veía! Austin Ames, fue mi último novio oficial. Hace más de cuatro años que no sé nada de él. Y ahora está aquí, de la nada. Austin se fue a vivir a Londres, porque su padre quería que estudiara derecho allí. Fue un gran amigo y novio para mí. Pero después de él, no volví a conseguir algo serio.

- ¡No puedo creerlo! ¿Cómo estás? - le pregunte contenta.

- Bien, bien. Llegue hace unos días de Londres, vine a ver a mi madre y a mi hermana - me dijo y sonrió - ¿Y tú, que es de tu vida?

- Vivo con Sea, una amiga. Y estoy trabajando - le dije.

Sentí como alguien se acomodaba la garganta. ¡Oh, casi lo olvido! Me di la vuelta y lo acerque a nosotros. Austin lo miro bien. Y Justin miro bien a Austin. Ambos se estaban, por así decirlo ¿analizando?

- Él es Justin, un amigo - se lo presenté.

- Austin Ames - le dijo él y tendió su mano.

- Un gusto - dijo Justin y le respondió. Algo no estaba bien aquí, podía sentir la incomodidad en el aire. La tensión. Los mire a ambos.

- Mmmm, bueno - dije para romper el hielo - ¿Dónde te estás quedando? - le pregunte a Austin.

- En casa de mi madre, quise ir a un hotel. Pero ya conoces a mamá es demasiado posesiva - me dijo. Reír por lo bajo.

- Bueno, me alegro de que estés bien y de volver a verte - dije.

- Lo mismo digo - dijo él - Y si no te molesta ¿Podrías darme tu teléfono? Así no perdemos el contacto

- Oh, claro que si - le dije. Saco su celular y comenzó a anotar - Listo. Llámame y hablamos.

- Claro, bonita. Adiós - me dijo y se acerco a mí para besar mi mejilla. Pero se alejo rápido.

- ¡Auch! - dijo por lo bajo. Lo mire extrañada.

- ¿Qué te sucede? - le pregunte.

- Sentí una puntada en el estomago - me dijo. De reojo mire a Justin. Este sonrió levemente. ¡Oh, es un tramposo!

- ¿Estás bien? - le dije. Me miro.

- Si, si. Te llamo hoy en la tarde-noche - dijo.

- Está bien, estaré esperando - dije. Él se fue.

Sin poder creerlo me gire a verlo. Él clavo su seria mirada en mí. Lo mire fijo, desafiante, intentado intimidarlo. Pero solo conseguí que él me intimidara a mí. Como siempre.

- ¿Por qué hiciste eso? - le pregunte.

- ¿Quién era él? - me contestó con una pregunta. Arquee una de mis cejas y lo mire bien.

- ¿Celoso? - dije en forma de pregunta.

- ¿Quién es él? - volvió a repetir la pregunta, pero más despacio. Más amenazante.

- Austin Ames, fue mi último novio oficial. Hace 4 años que se fue y no lo veo desde entonces. Nada importante, ¿Listo? - le dije.

- ¿Por qué le diste tu número? - dijo.

- ¿Qué es esto un interrogatorio de novio molesto? - le dije. Se acerco desafiante a mí.

- Creo que no estás en condiciones de no contestarme - me dijo por lo bajo. ¡Dios, era tan aterrador!

- Vamos, diablito. No te tengo miedo - dije. Arqueo una de sus cejas.

- Podría hacerte lo que yo quiera - dijo. Reí burlona.

- Pues fíjate que no. No puedes hacerme el amor - le dije. Sonrió levemente, le di donde más le duele.

- Pero puedo matarte.

- No serías capaz - dije.

- ¿Cómo lo sabes? - me preguntó. Y en verdad no estoy segura de contestar a eso. Lo mire fijo y trate de encontrar mi respuesta en sus ojos.

- Porque nunca nadie me ha mirado como tú me miras - le dije.

- ¿Ni él? - dijo refiriéndose a Austin.

- Ni él, ni nadie. Solamente tú - mire su boca y trague saliva. Solo necesito probarlos, tenerlos. Por lo menos medio segundo - ¿Por qué le hiciste eso a Austin? Así no vas a demostrar que tienes algo bueno dentro.

- Solo estaba probando si ese poder aun esta en mí. Y gracias a Dios, si lo está. ¡Gracias Barba! - dijo elevando la voz en la última frase.

- Pues para mí fue porque estás celoso - le dije y baje la mirada.

- Pues, tenlo por hecho que sí. Fue por celos. Y si no hubiese tenido el poder, le hubiera pegado con el puño - me dijo sonriente. Lo mire bien.

- Eres tan malo - dije divertida.

- ¿Cómo haremos para encontrar algo bueno en mí? - me preguntó.

- Solo debemos hacer cosas que por lo general nunca haces y ponerte a prueba y no lo sé - dije divertida.

- Ya encontré algo bueno dentro de mí - me dijo. Lo mire sorprendida.

- ¿A si? ¿Qué cosa? - pregunte intrigada.

- Tú - me dijo.

11

'#11.where HE goes, goes the FIRE.

Cuando al fin conseguí que mi amiga saliera de la casa. Me dirigí a la habitación. Entre lentamente. Él estaba acostado en la cama, mirando la tele. Rió divertido, robándome una pequeña sonrisa. Levanto la cabeza y me miro.

- Lo siento, no sabía que estabas ahí - me dijo. Entre del todo y me senté en la punta de la cama.

- ¿Qué miras? - le pregunte. Se acerco a mí y apoyó su cabeza en mi hombro.

- Los Simpson - dijo y mire hacía la tele - Son muy divertidos y no puedo creer que no los haya visto antes.

- ¿Nunca los habías visto? - dije sin poder creerlo.

- Soy el Diablo, preciosa. No tengo mucho tiempo para mirar la tele - me dijo. Me puse de pie y lo mire.

- Creo que tengo un poco de ropa de mi hermano en el closet, vístete y vamos a comprarte un poco de ropa - le dije. Me miro bien

- ¿Ir de compras? - dijo no muy contento.

- Si, señor Diablo. Tiene que comprarse unos jeans, algo cómodo. No va andar por la vida en calzoncillos. - dije divertida.

- Es cómodo estar así, pero creo que tienes razón. Vamos - me dijo y se puso de pie.

Le di la ropa de mi hermano, que le quedo un tanto ajustada. Jean no es tan musculoso como el Diablo, pero algo es algo. Desayunamos y salimos de mi departamento.

- ¿Te molesta si tomo tu mano para caminar? - me preguntó. Me gire a verlo. Lo pensé por unos largos segundos.

- No, claro que no - le dije.

Con cuidado tomó mi mano con la suya y suavemente entrelazó nuestros dedos. Su mano es grande, casi envuelve la mía. Sus dedos son fuertes y largos. Una mano protectora, me llevaba de paseo por las calles de Los Ángeles. Mis, extraños, celos se hicieron presentes en mí, mientras veía como todas las mujeres que pasaban cerca nuestro se giraban a mirarlo embobadamente.

- No te preocupes, preciosa - me dijo con una sonrisa. Lo mire bien.

- ¿Preocuparme por qué? - le dije.

- Ellas no me causan nada. Solo tú lo haces - dijo. Sonreí levemente.

En menos de lo pensado estábamos en una tienda de ropa. Él miro a su alrededor y luego me miro a mí. Lo mire divertida.

- ¿Qué te sucede? - le pregunte sin dejar de reír.

- Tengo miedo de perderme aquí, dentro - me dijo mirando a su alrededor.

Sin pensarlo, me acerque a él y metí mi mano en los cabellos de su nuca. Como cuando estábamos en la feria. Su mirada mielosa, me estaba matando. Recorrió mi rostro con sus ojos.

- Tranquilo, no voy a dejar que te pierdas - dije dulce. Sonrió levemente.

Nos alejamos y tome su mano, para llevarlo a buscar un poco de ropa. Comencé a poner en sus manos, cada cosa que veía. Quería que se probara todo. Jeans, playeras, camisas, bermudas, pantalones de vestir. Hasta un esmoquin, oh vamos, ambas sabemos que se vería muy bien con uno puesto.

- Y esto, también - dije colocando unas zapatillas sobre la gran pila de ropa que tenía encima.

- ¿Todo esto? - dijo sin poder creerlo.

- Si, quejón. Todo eso - le dije.

Tome su brazo y lo conduje hacía uno de los cambiadores. Lo empuje allí dentro, y yo me senté en una silla, fuera, frente a él. Mire divertida a mi alrededor, las chicas de la caja me miraban sin dejar de reír.

- ¿Listo? - le pregunte.

- Ya casi - me contestó. Luego de eso salió. Lo mire bien.

- No, eso no - dije negando con la cabeza.

Hizo un gesto de odio con la cara y volvió a entrar. Yo reí divertida. Los minutos fueron pasando. Él salía y entraba. Yo reía y negaba con la cabeza. Eso sí, eso no. Esas eran todas mis palabras. Justin irritado, volvía a entrar y volvía a salir. Era tan gracioso. Gire mi cabeza y me enamore de un vestido del mostrador. Era hermoso, era el vestido de mis sueños. Como los que usan las actrices de Hollywood en la alfombra roja. Era negro, largo hasta el piso. Su espalda estaba descubierta y los bordes de los breteles estaban bordados con piedras preciosas. Sin pensarlo lo tome y entre en el cambiador de al lado. Ambos salimos al mismo tiempo. Él llevaba puesto el esmoquin que le escogí. Me miro bien, de pies a cabeza.

- Te ves tan... - me dijo y no termino la frase.

- ¿Tan? - dije. Se acerco a mí.

- Tan hermosa, preciosa - dijo. Sonreí levemente.

- Y tú también - le dije.

- No sabes cómo me gustaría entrar allí dentro y sacarte eso, para jugar contigo, perderme en tu cuerpo, en tu aroma, en tu piel - me dijo con voz pesada. Trague sonoramente.

- Justin, no seas impulsivo - le dije. Se acerco un poco más a mí.

- Juro que estoy intentando no serlo - dijo. Lo mire bien.

- Recuerda que tienes que encontrar algo bueno en ti, y según Dios la lujuria no es buena - dije nerviosa.

- Dime ‘que' - dijo. Lo mire extrañada.

- ¿Qué? - le pregunte algo confundida y sin entender.

Se acerco más a mí y choco y frente con la mía. Su respiración era agitada. Su mirada intensa. Juro que podía escuchar los latidos de su corazón. Levanto sus brazos e hizo lo que menos me imaginaba. Me abrazó. Me estrechó más contra su cuerpo.

- Sin la mitad de mis poderes es mucho más complicado controlarme - me dijo un poco agitado. Sin dejar de abrazarlo, suspire levemente.

- Ya lo veraz, que podrás y le demostraras a Dios que hay algo bueno en ti, y que no siempre eres malo y mentiroso - dije divertida y me aleje de él.

- Es lo que más quiero hacer en este momento - me dijo. Le sonreí levemente - Mentira, lo que más quiero hacer en este momento es otra cosa.

- ¡Justin! - le dije reprendiéndolo.

- Jajajajaja, Lo sé, lo siento. Soy un imbécil - dijo. Asentí divertida.

Entramos de nuevo a los cambiadores, nos cambiamos y salimos de allí con un montón de ropa. El vestido y el esmoquin quedaron en su lugar. Eran demasiado caros. Nos acercamos a la caja, y ninguna de las chicas dejaba de mirar a Justin.

- Te espero afuera, preciosa - me dijo y como buen desubicado palmeo mi trasero. Lo mire asesinamente. Me guiño un ojo y salió. Revolee los ojos y volví mi vista a la cajera.

- ¿Cuánto es? - le pregunte.

- 1500 dólares - me dijo medio boba.

Le alcance mi tarjeta de crédito, que de paso sea dicho cuando me llegue la cuenta a fin de mes, voy a querer morir. La chica me cobro, mientras que las otras miraban a Justin. Reí por lo bajo. ¡Dios, es tan provocador!

- Aquí tiene, muchas gracias por su compra - me dijo. Le sonreí. Todas se acercaron a mí.

- Perdónanos que te digamos esto, pero tu novio está que arde - dijo una de ella. Reí por lo bajo. Y mire a Justin, quien me miro también y sonrió dulcemente.

Todas suspiramos ante esa sonrisa matadora.

- Se nota que esta perdidamente enamorado de ti - me dijo otra de ellas. Me gire a verla.

- ¿Tú crees? - le pregunte algo sorprendida.

- ¿Qué? ¿Acaso no te has dado cuenta? Fíjate como te mira, así no te mira cualquiera - me contesto. Volví a mirar a Justin.

- Si lo que tiene él cuando te mira no es amor, yo me vuelvo monja ya mismo - me dijo la chica que me cobro. Las mire divertida y sonreí.

- Gracias chicas, vendré más seguido a comprar aquí - dije divertida.

- Cuando quieras, y más si traes a ese hombre - dijo divertida una de ellas. Me despedí de todas y salí con las bolsas. Él las tomo y comenzamos a caminar.

- ¿Por qué tardaste tanto? - me preguntó.

- Lo siento, me quede hablando con ellas - le dije. Se giro a verme.

- ¿De qué? - dijo. Lo mire bien.

- Nada que te importe - dije divertida.

Con su brazo libre me tomo de la cintura y me atrajo hacía él. Como casi siempre que hacía eso, todo el aire se fue de mi cuerpo. Lo mire fijo a los ojos y me volví a perder en ellos.

- ¿_______? ¿Eres tú? - me preguntó alguien. Lentamente me aleje de Justin, y gire a verlo. ¡No puede ser!

- ¿Austin? - dije sin poder creerlo.

10

'#1O.where HE goes, goes the FIRE

Comencé a moverme lentamente. Apreté los ojos al sentir la claridad de la luz sobre ellos. Mi cuerpo aun estaba dormido. Sin abrir, aun, los ojos moví mis piernas y lo que sentí me dejo inmóvil. Alguien estaba en la cama conmigo. Lentamente comencé a girar, para encontrarme a un ángel a mi lado. O eso parecía. Dormía, dormía profundamente. Lo mire bien. Cada poro de su rostro, parecía estar descansado. Sus dorados cabellos, estaban levemente desordenados. Sentí un impulso por acomodarlos. Y cuando al fin todo mi cuerpo despertó, recordé que anoche estaba bailando con él y ahora estaba aquí, durmiendo con él. Lentamente me puse de pie, no quería despertarlo se veía tan lindo así. Con cuidado salí de la habitación. Me duche, rápido y salí. Volví a entrar a la habitación y él seguía durmiendo. Ahora ocupaba casi toda la cama. Lo mire bien. Había algo distinto en él hoy. No lo sé bien. Tome mi ropa y salí de ahí para cambiarme. Cuando termine comencé a hacer el desayuno. Desde lejos escuche el sonido de las llaves. Ella entró.

- ¡Buen día! - dijo elevando la voz.

- ¡Shh! - le dije desde la cocina. Ella entró y me miro.

- ¡Hola! ¿Qué tal? Hace como dos o tres días que no te veo - me dijo. Se acercó a mí y me saludo.

- ¡Baja la voz! - le dije en voz baja. Me miro bien - ¿Cómo has estado?

- Ay, ni te imaginas. Nunca he estado mejor en mi vida - dijo y ambas salimos de la cocina, para sentarnos en la sala.

- Ya me imagino, como debe haber quedado el pobre de Jared - dije divertida. Rió por lo bajo.

- Creo que por una semana no podrá moverse.

- ¡Sea! - dije divertida y ambas reímos.

Él salió de la habitación. Ambas nos volteamos a verlo. La mandíbula de Sea cayó al suelo al verlo, parado allí. Él me miro bien y luego miro a mi amiga. Justin solo traía puestos unos calzoncillos y una musculosa blanca que se apretaba bien a su cuerpo.

- Hola - saludó con voz rasposa, supuse que se acababa de despertar.

- Ho... hola - le dijo Sea. Él me miro a mí.

- Preciosa, ¿Puedes venir un segundo? - me preguntó.

- Claro - dije y me puse de pie.

Camine hasta la habitación y entramos. Cerré la puerta y me gire a verlo. Cuando lo hice algo sintió romperse dentro de mí. Como dije antes, mientras él dormía se veía distinto. Y si que lo estaba. Sus ojos eran más claros, mucho más claros. Asombrosamente llamativos. Mire el color de su pelo y era también más claro del que recuerdo. Y ahora que lo miraba mejor, no tenía esa apariencia siniestra de siempre.

- ¿Qué... qué sucede? - le pregunte.

- Hice un trato con Dios - me dijo. Lo mire extrañada.

- ¿Qué cosa?

- ¿Me ves distinto? - me preguntó.

- Un poco - le dije.

- Tengo cinco días para probarle que hay algo bueno en mí - dijo y camino hacia la ventana - Por ahora él tiene la mitad de mis poderes, por eso he dormido. Casi nunca duerno, ya que no es necesario.

- ¿Y? - dije intrigada.

- Si no logro demostrarle que hay algo bueno en mí, nunca más podré salir del infierno. A lo que me refiero es que viviré allí abajo, por siempre.

Lo mire aterrada. ¡Eso no podía ser así! Algo debíamos de hacer. Él no podía quedarse allí para el resto de la eternidad. ¿Qué haría yo? Mi cuerpo se congelo al escuchar mis pensamientos. ¿Qué pasa conmigo? ¿Por qué me preocupa tanto que no pueda salir nunca más?

- Tranquilo, encontraremos algo bueno en ti - le dije.

- ¿Vas a ayudarme? - me preguntó.

- Claro que si - le dije y sonreí levemente. Él también lo hizo - Ahora, cámbiate que esta Sea ahí afuera.

- No puedo cambiarme - me dijo y me gire a verlo.

- ¿Por qué? - le pregunte.

- Él se llevo algunos de mis poderes, y uno de esos era el de poder vestirme chasqueando mis dedos.

- ¿Me estas queriendo decir que no tienes otra ropa de la que tienes puesta? - dije sin poder creerlo. Justin asintió - Esto no podía ser peor.

- Lo sé - dijo divertido.

- Bueno, quédate aquí. Salgo, despacho a Sea y vemos que hacemos - le dije y salí de la habitación.

Mi rubia amiga se acercó a mí rápidamente, me tomo del brazo y me jalo hasta la cocina. La mire extrañada, estaba realmente perturbada.

- Juro que casi entro a buscarte, pensé que estabas teniendo sexo con él. Pero luego dije que no era posible, porque no se escuchaba nada - me dijo nerviosa. Reí divertida.

- Ya te dije que no pasó nada con él - dije divertida. Me miro bien.

- ¡Claro, ______! ¡Y yo soy Madonna! - me dijo irónica. Camine hasta la sala.

- Juro que te estoy diciendo la verdad - le dije. Me miro sin poder creerlo.

- Pero... pero él estaba en calzoncillos - dijo y miro hacía la puerta - Además te llamó preciosa.

- Que hayamos dormido en la misma cama, no significa que hayamos tenido sexo amiga mía - dije y me senté en el sillón - Y que me diga así, tampoco.

- _______, ¿Qué pasa contigo? ¿Acaso estas ciega o qué? Ese hombre está que arde y tú ¿no le has tocado un pelo? - me preguntó.
- No, no es eso - dije. Ella me miro bien - No te asustes, pero...

- Pero, ¿Qué? - dijo algo ansiosa.

- Yo...

- ¿Tú, que? - dijo más nerviosa que antes.

- No lo quiero solo para una noche - le dije lo más bajo que pude para que el que estaba en la habitación no escuchara. Mi amiga abrió la boca.

- ¿Estas enamorada?

- No... no lo sé, Sea. Pero con él es distinto que con los demás - dije y me puse de pie. Ella también lo hizo.

- Ya era hora, amiga - me dijo algo emocionada y me abrazó. Le respondí el gesto.

Pero mientras descubría ese sentimiento dentro de mí me di cuenta de algo. Estoy enamorada de alguien que ni siquiera es humano. Alguien que nunca sintió amor en su vida, alguien que es vil y no perdona el alma de nadie. Estoy enamorada del Diablo, perdidamente enamorada de él.

9

'#O9.where HE goes, goes the FIRE

- ¿Por qué te fuiste así? - me pregunto.

- No, por nada. Solo necesitaba tomar un poco aire - le dije. Me miro fijo a los ojos. Sus ojos eran más oscuros y llamativos que horas atrás.

- ¿Has bailado alguna vez con el Diablo a la pálida luz de la luna? - me pregunto. Mi corazón se acelero.

- No - le dije despacio.

Se inclino hacía adelante y besó la punta de mi nariz suavemente. Cerré los ojos ante el dulce contacto. Luego bajó más su rostro y acaricio su nariz con la mía. Abrí mis ojos para encontrarme con los suyos muy cerca de los míos. ¡Oh Dios mío! Su boca estaba a dos centímetros de la mía. Mi respiración se agito. Se quedo ahí quieto, mirándome fijo. Su nariz contra la mía. Su respiración pesada caía sobre mis labios.

- ¿Bailas conmigo? - me dijo.

- No hay música - dije tratando de mantenerme de pie. Su mirada me estaba ahogando.

- Eso no es problema - me dijo.

Coloco una de sus manos en mi cintura. Desde lejos una suave melodía empezó a llegar a mis oídos. Pronto el lugar se lleno de música. Me acerco más a él. Coloque una de mis manos en un su hombro. Comenzamos a bailar. Su mirada estaba fija en la mía. Mis pies se movían al ritmo de los suyos.

- Eres tan hermosa - me susurro al oído. Mordí mi labio inferior.

- ¿Por qué me haces esto? - le pregunte invadida por las ganas de besarlo.

- Juro que no es mi intención - dijo.

Apoye mi cabeza sobre la parte posterior de su hombro. Suavemente se escuchaba el latir de su corazón. ¿El Diablo tiene corazón? Al parecer sí. Deje que la música, y el momento me llenaran por completa. Les juro que podría pasarme horas así con él. Cerré los ojos y deje que mis pies se movieran casi solos.

Se quedó dormida. Sin ningún problema la alcé en brazos y bajamos hasta su departamento. Esta situación ya me estaba cansando. ¿Qué voy a hacer con esto? Yo soy el Diablo, tampoco puedo seguir así. Entramos a la habitación y suavemente la apoye en la cama.

- No, no te vayas - me dijo con la voz dormida. La mire bien - Por favor, quédate conmigo.


Sin pensarlo demasiado me acosté a su lado. Ella se acomodó contra mí. Su bello rostro quedó sobre mi pecho. Tontamente me encontré colocando uno de mis brazos alrededor de ella. De verdad me siento un imbécil. Es solo una simple mujer ¿Qué tiene de especial?

- Tal vez, ella es - dijo una voz muy familiar para mis oídos. Levante la vista y busque con la mirada.

- ¿Rachel? - pregunte. De repente se apareció ante mí.

- Hola hermanito, ¿Cómo estás? - me preguntó.

- Rach - le dije asintiendo - Ya lo vez, mírame. Parezco un ******* humano - rió por lo bajo.

- Tranquilo, te ves bien - me dijo divertida.

- ¿Cómo están las cosas allí abajo? - dije al recordar mi casa y mis hermanos.

- Bien, por ahora puedo controlarlos. Con un potente grito, se quedan quietos.

- Pobres, me deben extrañar - le dije. Ella asintió levemente - ¿Qué te trae por aquí?

- Tú, Justin. Me tienes preocupada. Sabes que como toda hermana, tengo instintos. Y los míos están a punto de explotar. ¿Qué te sucede?

- No lo sé, Rach - le dije y mire hacía _____ que seguía durmiendo profundamente.

- Creo que el problema es lo que tienes sobre el pecho - me dijo mi hermana.

La mire bien. ¿A qué se refería con eso? Se acercó un poco más a la cama en donde me encontraba yo acostado con una mujer en mis brazos. Rachel clavó la mirada en _____, provocando que se moviera un poco.

- Ella es, hermanito - me dijo.

- ¿Eh? - le dije sin entender.

-¡Ay, aja! ¡No te hagas el tonto! Sabes de lo que estamos hablando. Ella es la persona que el destino ha puesto para tu camino.

- Jajaja, que graciosa eres - le dije, pero ella no rió. Mire a ______.

- No te rías del destino - me dijo.

- El destino es un pelele, no siempre sale todo como él dice - dije.

- La mayoría de las veces si - dijo ella.

Lentamente me fui alejando de ella, para no despertarla. La acomodé bien en la cama y la tape. Con Rachel salimos de la habitación, antes de despertarla. Mi hermana rió divertida al ver en donde estaba durmiendo.

- ¿Te resulta gracioso? - le pregunte algo molesto.

- Pues, lo siento. Pero si - me dijo y volvió a reír - Ay, ya hermanito. No te pongas de mal humor.

- Juro que me siento muy extraño, Rachel - le dije

- Lo sé, por eso vine - dijo ella.

- ¿Qué debo hacer? - pregunte. Ella se acerco a mí y se sentó a mi lado.

- Eres el Diablo. El ser más temido de todo el mundo. Eres malo, despiadado, vil y muy mentiroso. Pero aunque no puedas creerlo tienes algo bueno.

- Si, claro - dije irónico. Me miro fijo.

- ¿Acaso piensas que el yin-yan fue hecho por un loco que estaba ebrio? - me preguntó. Me gire a verla - Dentro de lo bueno, siempre hay algo malo. Dios no es perfecto hermano, te lo ha demostrado. Y aunque todo el mundo crea que si, no es así. Y dentro de lo malo, siempre hay algo bueno.

- ¿Qué es? - le pregunte confundido.

- Busca dentro de ti, busca que ya lo vas a encontrar - dijo y se puso de pie - Solo sigue a tu... no tan usado, corazón.

Desapareció. Me dejo, aquí, con una extraña sensación dentro. La duda. Nunca tuve duda en mi vida. Siempre fui seguro de mi mismo, de mis acciones. Nunca sentí nada por nadie. Ni lastima, ni admiración, ni amor. Bueno, tal vez cariño por mi hermana y un poco de aprecio por mis hermanos. Eso es algo bueno. Creo. Me puse de pie y camine hasta la habitación. Ella dormía profundamente. Guiado por lo que Rachel llama, mi corazón, me acerque a la cama y me acosté junto a ella. Se movió un poco y me abrazo contra ella. Su aroma inundo mis sentidos. Cerrando los ojos, vi pasar frente a mí la soledad de mi eternidad.

8

'#O8.where HE goes, goes the FIRE.

Lo mire de reojo mientras caminábamos por la feria. Él miraba extrañado y curioso. Parece un niño. Es tan tierno. Y al mismo tiempo tiene algo tan siniestro y excitante. Frunzo el ceño cuando vio a un gran grupo de niños jugando y corriendo. Lo mire divertida.

- ¿Pasa algo? - le pregunte. Se giro a verme.

- Si, nunca he estado con tanta gente en un mismo lugar - me dijo.

- Eres muy antisocial para ser el Diablo - le dije divertida.

- ¿A si? - me preguntó mirándome.

- Si - le dije sin dejar de reír. Él también lo hizo. Es tan devastador cuando sonríe.

- ¿Y qué haremos? - preguntó. Me gire a verlo.

- Jugaremos un poco - dije y tome su mano para arrastrarlo hasta uno de los juegos.

- Buen día, ¿Desean jugar? - nos preguntó el hombre del lugar.

- Si. Dos fichas, por favor - le dije. Me paso 6 pelotas.

Tenía que tirar la mayor cantidad posible de botellas, para ganar un oso. Mire a Justin, estaba bastante serio. Un poco más de lo normal. Parecía que algo le molestaba o dolía, no sé bien con exactitud. En un acto fallido me encontré colocando mi mano en su nuca. La arrastre hasta sus cabellos y acaricie su cuero cabelludo.

- ¿Qué sucede? - le pregunte. Corrió su mirada a la mía.

- Me gusta que acaricies mi pelo - me dijo. Deje de hacerlo y trague saliva.

- Déjame enseñarte como se hace esto Justin - le dije. Rió por lo bajo.

Tire la primera pelota y falle. Rió. Lance la segunda y volví a fallar. Volvió a reír. Tome la última que me quedaba. La tire. ¡mi.er.da, falle! Justin reía divertido, y pude notar como el hombre de la tienda también estaba tentado a reírse.

- Oh preciosa, no pensé en reírme tanto - dijo mientras refregaba sus ojos.

- Veamos si tú puedes hacerlo - le dije y me acerque a su oído - Señor Diablo.

Le di las otras tres pelotas. Se acerco más al estante. Lanzo la primera pelota. Varias botellas cayeron. Lo mire sorprendida. Lanzo la segunda y más botellas cayeron. Solo quedaba una botella. Se giro a verme.

- Así es como se hace, preciosa - me dijo y lanzo la pelota sin dejar de mirarme. La última botella cayó. Gire sorprendida ante el sonido de eso.

- Felicitaciones, ha ganado el premio mayor - le dijo el hombre. Le alcanzo un oso enorme y peludo. Era extremadamente lindo.

- Toma preciosa, para ti - me dijo y me lo dio. Tome el oso y lo mire a él.

- Es muy lindo - dije bobamente. La última vez que me habían regalado un oso tenía 14 años. Y era del tamaño de mi mano

- Como tú - dijo. Mordí levemente mi labio inferior.

- ¿Quieres comer algodón de azúcar? - le pregunte.

- No es de mi agrado - dijo. Lo mire divertida.

- Bueno, lo tendrá que ser - dije desafiante.

Seguimos caminando hasta encontrar un puesto de manzanas acarameladas, palomitas de maíz, caramelos, chupetines y algodones de azúcar. Compre el más grande y mullido de todos. Me acerque hasta él.

- Vamos, come un poco - le dije. Me miro bien.

- De verdad preciosa, no es de mi agrado - dijo sin dejar de mirar el colorido dulce que tenía en mis manos.

- ¿Lo has probado? - le pregunte. Me miro.

- No, pero algo que es rosa y se te pega en las manos como chicle no debe ser nada agradable - me dijo. Reí divertida.

- Oh vaya, eres peor que un niño. Pruébalo, juro que te gustara - dije.

Me miro sin estar muy seguro. Tomo un pequeño pedazo con la punta de los dedos. De verdad parecía un niño al cual estabas obligando a comer verduras. Lo levanto lentamente hasta su boca y lo comió con cierto asco. Yo solo lo miraba.

- ¿Y? - pregunte.

- Es asqueroso - dijo frunciendo el ceño.

- ¡No seas mentiroso! - le dije divertida.

- ¡Yo no miento! - dijo como si eso fuera lo más verdadero que hubiera dicho en su vida.

- Si claro, y yo soy Megan Fox - dije. Rió con ganas.

- Ay, preciosa eres tan graciosa - me dijo. Tome un poco de algodón y lo metí en mi boca.

- Y tú eres tan extraño - le dije.

Volvimos a caminar. Y sin darme cuenta las horas fueron pasando. La noche se hizo presente en Los Ángeles, fue tan rápido. Es tan extraño todo esto, es extraña la sensación de estar con él. Hay momentos en los que se me olvida y pienso que es un hombre normal, común y corriente. Pero cuando recuerdo que y quién es se me eriza la piel. Este hombre, que ni siquiera es un hombre, solo ha venido a mí con la intención de llevarse mi alma. Nada más que eso.

- ¿Tienes hambre? - me pregunto cuando llegamos al departamento. Lo mire.

- No, estoy que exploto - le dije. Se quito el saco y ese deseo ardiente hacía él me consumió.

- Y si. Si te la pasaste comiendo porquerías - dijo.

- ¡Ay, aja! ¿Ahora eres mi padre? - le pregunte.

- No, gracias a Dios - dijo. Lo golpee levemente en el brazo. El teléfono comenzó a sonar. Corrí hasta el.

- ¿Hola? - dije.

- Tiene un mensaje de voz, desea escucharlo - dijo la fría voz de la operadora. Fruncí el ceño - Para escuchar su mensaje marque 1.

- ______, soy Sea. Parece que no estás en casa, linda. ¿Dónde y con quien estarás? ¡Ay ya me lo imagino! Bueno, pero después me cuentas sobre eso. Solo llamo para decirte que esta noche tampoco voy a casa. Jared está más ardiente que nunca y no voy a dejarlo en estas condiciones solo. Nos vemos mañana cariño, te quiero.

Deje el teléfono y reí por lo bajo. De verdad está loca. Negando divertida con la cabeza volví hacía la sala. Mi querido invitado estaba sin camisa. Todo el aire salió de mi cuerpo. Mis piernas temblaron levemente. Ese pantalón negro se amoldaba bien a sus masculinas piernas y cada músculo de su estomago parecía estar hecho de roca y carne fibrosa. Mordí mi labio al imaginarlo sobre mí, su peso calentando mi cuerpo. Sus fuertes manos sosteniendo las mías mientras estábamos íntimamente unidos. Sacudí mi cabeza.

- Voy a tomar un poco de aire - le dije y salí de ahí antes de volverme loca.

Subí hasta el último piso de mi edificio. Entre a la abandonada terraza. Este lugar está más desierto que el desierto de Sahara. Mire hacia el cielo. Era azul oscuro y por la luz de la cuidad apenas se veían las estrellas. La luna estaba blanca y casi redonda. Una linda noche.

Ni frió, ni calor. Ni viento, ni humedad. Nada. Me senté en el suelo y saque un cigarrillo. No había fumado en todo el día, algo muy raro en mí. Ahora necesitaba uno con desesperación. Lo prendí. Aspire ese envenenado humo que lograba calmarme un grado. Suspire levemente y me puse de pie. Me acerque hasta las rejas de la terraza. La gente se veía pequeña, la cuidad ruidosa.

- Es tan misterioso todo, ¿Verdad? - me sobresalte ante su profunda voz en mi oído. Me gire a verlo. Estaba tan cerca que solo debía estirarme y podría besarlo.

- ¿Qué... que haces aquí? - le pregunte nerviosa.

 

My Coment: Hhahahaa, no sé por qué.. pero este cap es de mis favoritos.. veo que todas esperan el cap HOT O: COOOOOCHINONAS : P hahaha no se desesperen.. va a llegar se los JURO & cuando llegue diran.. OMG O_O :B & así... pero, por mientras disfruten estos cap, esta nove es más que nada romántica<3 asi bien coty hahahaha espero que les guste<3 las amo: D

Otra cosa.. gracias por apoyarme con lo de mi hermana, apesar de que pasó hace 7 meses.. es algo de lo que no me puedo recuperar.. gracias encerio<3

 

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katy.. :)

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avril... :)

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lou

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harry *-*

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perfect smile

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